¡Vótanos en la categoría de acción social!
Votar en los Premios Bitacoras.com
Añádenos en Google+

campo

Cosas del campo que llegan a la ciudad…

Cuando la gente de ciudad piensa en el medio rural y en qué cosas le conectan de una u otra forma a él piensa en:
-Buena parte de las materias primas que hacen posible los productos que consume.
-Sus salidas domingueras al campo.
-Su escapada a un alojamiento rural.
-La parte de su familia que tiene sus orígenes en un pueblo o incluso el pueblo en el que surgió su árbol genealógico.

huerting

Sin embargo, eso es sólo lo más evidente y nos sorprendería saber cómo y en qué medida el medio rural y el campo están presentes en la ciudad y sus gentes. O, dicho de otro modo, como la gente de ciudad está ligada a la gente rural.
Que ¿cómo influye el medio rural en la ciudad? Pues, básicamente en dos cosas:

  • En su capacidad de crecimiento. Las ciudades -entendidas como núcleos poblacionales importantes- existen y, sobre todo, han proliferado más a raíz del éxodo rural. El medio rural ha hecho más ‘ciudades’ a las ciudades.
  • En su necesidad de oxigenarse. Después de décadas de excesiva industrialización y tecnificación, de crear urbes grises pensadas para la producción, las ciudades iniciaron hace más de una década un camino intermedio medioambiental, mirando al medio rural en este caso, con vías verdes, más atención a las zonas ajardinadas y todo ello para ‘limpiar su aire’ y hacerlo lo más parecido al del campo. El ‘huerting‘ esa tendencia actual a crear huertos en cualquier pequeño rincón disponible en medio de la ciudad responde a eso mismo, a ese interés por recuperar algo de naturalidad en nuestras vidas urbanas.

Pero lanzaría otra cuestión más ¿qué hay del medio rural hoy en las ciudades? Además de lo que ya he comentado, hay una cosa que quizá se nos escape y que era hasta ahora más rural que urbana: la necesidad de huir de un proyecto de vida con poco futuro. Las tornas han cambiado y si antes era el medio rural el que resultaba “poco prometedor” para consolidar una forma de vida segura y de calidad, ahora es la ciudad la que no garantiza esa estabilidad para nadie, hasta el punto que el proceso de emigración rural es ahora el de emigración urbana. ¡Cómo son las cosas! ¿verdad?

La llamada del medio rural ¿Por qué ahora la vuelta al campo?

Lo mismo que hace años, eran otros países y, como no, las grandes ciudades, las que hacían su ‘llamada’ a jóvenes y familias enteras para iniciar un proyecto de vida –supuestamente mejor- en las urbes, ahora vivimos en muchos casos el proceso inverso. La llamada del medio rural se está haciendo patente, tanto para familias que hace décadas se establecieron en las ciudades para hacer su vida allí procedentes de pequeños pueblos como para personas que, aunque no proceden del medio rural, están viendo en él oportunidades más realistas y sostenibles que las que ofrece la ciudad.

La vuelta al campo.

Pero, ¿la crisis económica es suficiente motivo para la vuelta al campo? Las dificultades económicas, las cifras de desempleo, el grave problema de los desempleados de larga duración y con más de 45 años… son relevantes y suficientemente aplastantes como para provocar movimientos migratorios más consecuencia de la desesperación que de un nuevo planteamiento vital, más cercano a lo natural. La vuelta al pueblo no es un fenómeno nuevo, de hecho, ya que en mayor o menor medida siempre ha existido ese flujo migratorio hacia el campo cuando el modo de vida conocido fallaba. Sin embargo es en los últimos años cuando la crisis económica está acelerando esta situación.

Ante todo esto, ¿qué hace falta para que la vuelta al campo no se convierta en una mala solución o una solución transitoria para aquellos que buscan una vida mejor?

  • La cuestión es que aunque el medio rural ofrece oportunidades que no tiene la ciudad, tampoco son inagotables ni están bien estructuras y planteadas para ser aprovechadas de la mejor manera. Hacen falta más iniciativas como Abraza la Tierra, De vuelta al pueblo, Emprender para Conservar y, sobre todo, no sólo privadas sino también públicas para facilitar y gestionar de la mejor manera esa vuelta al campo. Que los que decidan dar el paso sepan bien qué van a encontrar en el medio rural, dónde y cómo pueden establecerse, qué tipo de proyecto de vida van a poder desarrollar.
  • La reducción de ayudas europeas, la situación de las arcas estatales y una escala de prioridades presupuestarias muy alejada de las zonas rurales están haciendo mucho daño al medio rural, que nunca ha acabado de solucionar sus necesidades (mejores infraestructuras sanitarias, comunicaciones, telecomunicaciones…) y que, en la situación actual, ha sufrido un duro retroceso. La llegada de nueva población puede mejorar las cifras de habitantes de cabeceras de comarca y algunos pueblos con más tirón que, evidentemente, debería redundar en la ampliación y mejora de sus servicios. Pero no se trata sólo de eso: hace falta que las administraciones hagan un reparto más justo y, como no, que llegue la tan ansiada reforma de la financiación municipal.
  • Tan importante como lo anterior es que la sociedad cambie el chip definitivamente. El ritmo de consumo tiene que bajar. Ya no sólo para hacerlo compatible con el desarrollo rural sino para dar un futuro realista a la sociedad. Si la vorágine consumista no echa el freno, nos hundimos todos. Y el que decida iniciar un nuevo modo de vida en el medio rural tiene que asumir que la vida rural no se asemeja en casi nada a la vida urbana.